Hija de Perra y su esclava
Pérdida se ganan la vida vendiendo empanadas de pino
con carne humana para salir a huevear y beber con sus amigxs.
En escenarios periféricos y marginales, son estxs seres
inmundos se burlan de todo, un escupo con olor semen hacia la
norma, decencia, moral, cultura y género.
¿Pero qué es lo interesante que emana de esta
“sórdida” e “indecente” película?
Por un lado, esta claro que el espectador dentro de este tipo
de representación no podrá dejar de reírse
y/o espantarse. Sin embargo, si observamos con atención,
dentro del film podemos encontrar una serie de alusiones que
critican, reconstruyen y parodian el género, haciendo
de esta cinta una pieza muy interesante para su análisis
y reflexión. Sobre todo por ser la primera película
local que abre la discusión.
Hija de Perra, la protagonista, tiene un look muy cercano a
una punk maraka. Esto a nivel de discurso: se entiende como
una mina que se burla de las imposiciones estéticas-higiénicas-morales
por medio de la indecencia y la des-generación del cuerpo.
Su “mal vestir” es una protesta al “deber
vestir” pensado para un tercero cosificador. Su propuesta
reconstruye el género, es decir, no reproduce la visión
rígida de cómo ha de ser la vivencia de ser mujer.
Esto nos demuestra como también es posible representar
las miles de formas de poder vivir el “género”,
enunciando: “Sí, el género también
puede quedar obsoleto”.
Esta idea de deconstrucción podemos encontrarla presente
como correlato en la cinta cuando las chicas juegan a la pelota
con los chicos del barrio. Ellas ya no quieren comportarse como
una chica femenina. No les basta con flirtear a los huachones
de forma silenciosa y pasiva en las graderías. Desean
correrles mano mientras se pueda, comérselos en el camarín.
Quieren retarlos, estar a la par, siempre desafiantes usando
uniformes deportivos de futbolito parodiados (reconstruidos),
en lo que podría describirse como un estilo chula/mala.
Por otro lado, se cita la idea de practicas de sexo contra-sexuales
(rescatando la idea de Preciado en su manifiesto), al re-semantizar
una pistola como Dildo, (darle un nuevo significado al objeto,
al ubicarlo en un nuevo terreno interpretativo).Es decir, no
es pene, no es pistola; pistola/pene hibrida a la vez. Esto
nos demuestra cómo cualquier objeto puede cumplir la
función de pene, por lo que ya no seria necesario esta
extensión de carne como dador de placer. Cualquier cosa
podría serlo. Podemos prescindir del “falo”
como concepto. “En este sentido, el dildo puede considerarse
como un acto reflexivo fundamental en la historia de la(s) tecnología(s)
(contra) sexual(es)” (1). Es decir, en una reflexión
que destruye al pene (y al coito) como génesis de la
sexualidad.
Resulta muy hermosa y desesperante a su vez la puesta en escena
del acto de disparar como una vuelta de significado: pistola-hibrida-dildo,
al funcionar como un acabar del coito y acabar de la vida.
Flujos y dependencias del abuso de poder/violencia
(2): el mito del príncipe azul (rosa)
La violencia-amor es un eje de suma importancia dentro del
relato, dado que es aquí donde encontramos el fuerte
de la trama, y por lo mismo, el lugar donde el análisis
se centra.
Para entender este punto, descifraremos el hecho que desencadena
la historia: Hija de Perra ha quedado viuda porque fue ella
quien mato a su marido. (Lo siento si adelantamos el suspenso).
Tras un arrebato emocional, harta de la violencia y sufrimiento
que su esposo le profiere cotidianamente, ella se convierte
en criminal. Pero arrepentida, y con deseos de volver con él,
hace lo imposible para que “Caballo” reviva, sin
importar el costo.
Es aquí donde la primera reflexión surge. ¿No
se parece este hecho ficticio a cuando terminamos una relación
de pareja sustentada por el nombre del amor, las cuales, a la
larga, nos terminaban haciendo más mal y daño?
¿Por qué razón entonces nos proponemos
segundas vueltas?
”Esta desesperación irracional por recuperar a
su hombre, radica en que el ser amado tiene el poder mágico
de darnos la felicidad, desresponsabilizándonos, de esta
manera, de nuestra vida y de nuestra búsqueda de equilibrio
y sabiduría” (3)
De la esclava a la amada
Ante la incapacidad de superar el duelo y la angustia de la
soledad, Hija de Perra comienza afanadamente con la tarea de
traer de vuelta a Caballo, haciendo empanadas con carne de sus
amigxs. Mientras tanto, Perdida, su compañera, sufre
el abuso de su dueña, quien la explota, insulta, y humilla.
Tendrá que ser la aparición de una virgen fashion-posmoderna
(a quien le rezaba Perdida) quien le tenga que decir que “tiene
que ser ella quien aprenda a amarse primero”, que “el
amor no tiene que demostrarse con pruebas, y menos con sufrimiento
y culpa”. Interesante, sobretodo proviniendo de una figura
religiosa Católica (4). Lástima que no se haya
visto el proceso psicológico del cambio del personaje
dentro de la trama. Hubiese enriquecido y cerrado el análisis.
Retomando el tema del abuso, vemos como la dinámica
de la violencia se invierte, siendo esta vez Hija de Perra quien
controla a Perdida, reproduciendo el modelo de relación
que tenia con su marido. Esto se debe a que el/la sujeta que
ama sin condiciones (desinteresadamente) termina siendo abusadx
o controladx por el que es amado en la comodidad. Comodidad,
entiéndase, como la facultad de tener la seguridad de
posición emocional incondicional del/la otrx, otorgándole
un exceso de poder con el cual podemos entender el por qué
del abuso.
Esto en la realidad es mucho más complejo de como lo
explicamos, dado que las modalidades se presentan “dinámicamente”
por flujos y no con bandos de buenos y malos. Sobre todo en
las relaciones de pareja, donde la simetría tiende a
fluir mucho mas de un lado para otro, con manifestaciones que
no tienen por qué ser las típicas nociones de
violencia socialmente entendidas (golpes y gritos). Por lo demás,
hay muchos otros factores que también influyen, incluso
determinan las formas de relación, pero eso ya es otro
tema (5).
Dinámica y cadena del abuso, flujo de la violencia:
La propuesta “civilizadora” de Hija de Perra.
La prueba final es la ofrenda más difícil a superar:
La carne de Perdida, amiga-esclava, que Hija de Perra termina
por descubrir como su gran amor-romántico (no carnal,
no pareja, si dupla tal vez).
Esta deconstrucción del amor se nota en la hermosa escena
en que ambas tienen un encuentro sexual. Alteridad de la noción
de hacer el amor o tener sexo (en relación a la identidad
sexual). Ambas hiper-maracas (entiéndase como la designación
social peyorativa de las mujeres de mala re/putación,
por adictas al pene y el sexo); despedazan sus identidades,
sobrepasando los límites culturales de cómo se
debe expresar el rito del amor, amistad y sexualidad. Este acto
puntual reivindica la desacralización del sexo al quitarle
todas las connotaciones mágicas (amor, apología
al orgasmo, sexo como una experiencia de otro mundo) e identitarias
(entrando a terrenos desestabilizadores de las categorías
al plantear como factible la sexualidad entre una mujer trans
con una promiscua heterosexual). Esto me parece sensacional,
sobre todo en una subcultura “fleta” en la cual
se sobrevaloriza la ética de los cuerpos masculinizados,
la centralización del placer (pene, poto, agujeros) y
la visión “Marco Antonio Solís” del
amor -pareja única, que podríamos catalogar como
novixcentrimo- (6)
Hija de Perra aprende una gran lección (a pesar de que
nunca podamos identificar el cómo y cuando). Todo lo
que quería estaba frente a sus narices, y fue solamente
cuando lo perdió que se dio cuenta de su verdadera importancia.
Es esta “lección” la que nos muestra el
camino hacia nuevas formas de relaciones humanas. Más
libres, con nuevas dinámicas de relacionarnos que emanan
de exploraciones creativas, brindándonos un poquito de
estabilidad psíquica ante los imperativos sociales del
matrimonio/pareja única, la familia, la vejez, etc. Un
llamado a revalorizar los amores puros que tenemos a nuestro
alrededor porque somos nosotrxs mismas quienes muchas veces
los terminamos por destruir, al igual como casi termina por
hacer Hija de Perra.
Sobre este mismo tema se me viene a la cabeza una reflexión
cuando recuerdo a toda esa gente que dice parecerle genial este
concepto de un amor libre. Pero...“yo no soy para eso”.
Miles de veces nos hemos de haber encontrado con estas frases.
No obstante, ¿cuántxs de nosotrxs hemos tratado
de recrear nuevas formas de relacionarse?, ¿cuántxs
han incorporado la crítica a sus vidas?, ¿cuántxs
han tomado la responsabilidad en sus manos? ¿Por qué,
a pesar de encontrar sensacional el concepto, aceptamos lo inverso:
una relación represiva y controladora, fundadas en la
cuna de los valores de la familia heterosexual, de una “macrocultura
en la cual lxs seres humanas son conceptualizadas como bienes
privados, transables y tomables, donde el amor se simboliza
en el sistema reproductivo”. (7)
No tenemos acaso la concepción de que la familia es
el núcleo de la sociedad, y que es en ésta donde
nos defendemos de la maldad inherente a la sociedad. Por otro
lado, ¿qué es eso que constituye la familia? Papá,
mamá, hijos? ¿La consanguinidad, el mito cultural
de que “la sangre tira”, el imperativo del amor
obligatorio a estos mismos? ¿No será acaso éste
el origen del mal inherente a lo macrosocial?
Nos han enseñado a correr detrás de metas. Corremos
detrás de un amor…los costos que debemos pagar
por ellos son de “cuerpo y alma” (8) Por lo mismo,
es hora de pensar en otros términos, ya que los valores
y conceptos que existen son formas únicas de vida que
nos niegan la posibilidad de poder crearnos en la diversidad
que la caracteriza; su naturaleza es de formas ilimitada, donde
la falta invención es el único límite.
Ya es hora de abrir el espectro y las piernas, ¿no creen?
Esta película vale la pena verla con ojos críticos
que vayan mas allá de las minucias, es decir, más
allá del “hueveo” de las formas extremas
de la dramatización bizarras de sus actrices/ores. ¡Pongan
atención!, porque es aquí donde se podría
desprender la radicalidad entremezclada con la trampa de la
entretención, confundida con el humor, producto tal vez
de la falta de costumbre que genera siempre la radicalidad de
geénero y sexualidad (tan conservador este tema en relación
a otros por lo demás), que las sociedades tienden a moderarla
por medio de la risa, ya sea por la “mofa o el menosprecio”,
porque, tengamos claro: la risa es un mecanismo regulador de
las disonancias sociales (9).